Tenemos que hablar de Kevin

TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN
LA MIRADA DE AMPIEP

En febrero de 2012, AMPIEP llevó a cabo dos sesiones de cine-debate tituladas Hablemos de Kevin: Una Mirada Psicoanalítica. El objetivo fue ofrecer un espacio para el diálogo y la reflexión entre el público general y psicoanalistas sobre el impacto que había generado la película tras su estreno, el 13 de enero del mismo año.

En vista de la demanda del público, se realizaron dos sesiones. En total participaron 55 asistentes del público y 9 psicoanalistas.

A lo largo de las sesiones de cine-debate, se generó una profunda reflexión en relación con el vínculo madre-hijo, las complejidades del desarrollo y nacimiento psíquico del ser humano, el origen de la violencia y la presencia de la pulsión de muerte en un individuo.

Un aspecto que se perfiló como eje de la discusión, rondó en la pregunta ¿Kevin nació “malo” o se convirtió en un monstruo? Que estuvo presidida por la cuestión: ¿Eva deseaba tener a Kevin y convertirse en madre?

Podemos partir del nombre de la madre de Kevin: “Eva”, la representación simbólica de la “mujer”, la idea transgeneracional y hasta cierto punto tabú, de que todas las mujeres tienen y deben cumplir con la maternidad. O desde otro punto de vista, su deber es ser-madre. Haciendo una síntesis tanto de las aportaciones de los participantes como de la comunidad de AMPIEP, las ideas centrales fueron las siguientes:

Eva se encuentra en la Tomatina, está en el éxtasis y de repente su rostro se va transformando en el terror. Los hijos también resignifican aspectos inconscientes de la madre y ella coloca en Kevin todos los sentimientos agresivos que no puede asumir. Cuando él empieza a llorar, ella lo vive como hostigamiento, pero porque deposita en él su propia agresión, su maldad, ella crea ese monstruo. Y con el padre sucede lo mismo; cuando él juega con Kevin también lo encajona en el marco de la maldad. Por eso al final, él ya no sabe por qué Kevin hizo lo que hizo, inconscientemente ambos padres lo encajonaron en la maldad.

Cuando Kevin se refiere a que lo ven en la televisión, hace alusión efectivamente a eso, ver en el otro la parte maligna de la sociedad. Él se identifica con la maldad de los padres y al final de cuentas no es nadie. La madre no ejerce su rol de manera efectiva porque para poner límites, necesita asumir su parte violenta sin desear matar. Qué difícil cuando no podemos hacernos cargo, dentro de la maternidad, de nuestras propias partes rechazadas y las depositamos en los hijos; pero en los hijos llegan al inconsciente. En este caso, la madre está aterrada desde el primer momento.´

Llaman la atención los límites difusos. La mamá rígida y el papá permisivo que no se involucra con el niño. Kevin siempre se llevaba bien con su papá y cuando lo ve bailando con la niña, parece evidente que se siente muy celoso. La relación que tiene con el padre no tolera la intrusión por parte de la madre. “No mató a la madre porque así es mayor el castigo para ella, así la obliga a ver cómo mató a todos los demás”.

¿El ser humano con sus características psicológicas nace o se hace? Genética vs. desarrollo. Unos enfatizando el vínculo materno, otros dirigiendo la atención a la figura del padre. Hay una casa muy bonita pero vacía, no hay personas salvo cuando hay agresión. Se necesita una pequeña comunidad para criar un hijo. El psicoanálisis nace con el énfasis que pone Freud en la relación padre-hija; hoy en día se pregunta qué pasa en la relación con todos. La respuesta fácil es poner la justificación en la genética. Hay una fuerte crítica hacia los padres: ¿En qué consiste la maternidad y la paternidad? ¿Cómo se define? ¿Si no todo es genético y si hay algo que ver con el desarrollo, cómo es eso y cuáles son los aspectos más negativos de ese desarrollo? Si todo fuera genético, ni siquiera existiría la psicología.

No podemos decir que lo que observamos en la diada Eva-Kevin sea exclusivamente genético, podemos sólo pensar en temperamento, pero de ahí pasamos al concepto de Winnicott de la madre suficientemente buena; la que es capaz de contener las ansiedades y la agresión del bebé. Esta madre no pudo, en parte porque ella misma no podía contener su propia agresión y su propia violencia, y eso la atrapa en su agresión con él, no pudiéndole poner límites. André Green habla de la analidad primaria, que es como describía Freud la atapa anal, está sellada por el narcisismo y condensa la oralidad.

Se ha hablado de los vínculos, qué se hace para criar a un niño tan monstruoso como Kevin. La situación vincular no es sencilla, están la madre, el padre, la pareja, la sociedad. Se da una terrible coyuntura entre la mujer que no desea al hijo y el temperamento del bebé. La violencia del vínculo está insinuada todo el tiempo en los diálogos, sin necesidad de que haya una gota de sangre. Kevin dice que él es el contexto; es el vínculo podrido entre la madre y el hijo.

La fase más temprana en el desarrollo del niño es la omnipotencia. En un psicópata se da una excesiva temprana desidealización. Este vínculo de omnipotencia que el niño retiene, lo hace porque los padres no le permiten digerir, no le permiten metabolizarlo, con una expresión afectuosa del límite. La madre suficientemente buena es aquella que sabe que es imperfecta y que lo puede transmitir a su hijo. Kevin no ha podido renunciar a su omnipotencia. Ese estado es cuando se siente en control absoluto de la madre. Él es el dueño y señor; realiza un crimen grandioso. Para que el niño deje de ser omnipotente, necesita padres que le permitan digerirlo.

Una línea para abordar la película podría ser el estudio de la gestación del odio. Desde la simbiosis estuvo perturbado el vínculo, ello aunado a que la madre no hablaba, es una madre con rasgos esquizoides. No es posible ni neutralizar ni representar a través de la palabra todas las sensaciones internas, no es posible ligarlas ni ponerlas en palabras que permitan elaborar. Sumado a la negación del padre, se podría decir que es la película de la negación. Existe una herida al narcisismo del bebé por el rechazo de la madre, un rechazo manifiesto en la ausencia de espejeo con su mirada. Es como una herida sangrante de la mano de una permanente negación.

Kevin necesita posicionarse a través del oposicionismo. Toda la serie de sensaciones no habladas llega a su culmen a través de la venganza y los celos. Kevin no puede con la visión del padre bailando con la niña. Se observa la venganza narcisista como la plantea Kohut, emanada de la rabia destructiva, cuando Kevin compra los candados con antelación; además, el padre ya le había dado el arma asesina. El odio une mucho más que el amor y es a través de aquel que Kevin refuerza su liga y se queda con la madre.

Síntesis de Kevin

 

Relatoría de Kevin

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