Después de Lucía

Cine-debate en AMPIEP 

El 1º. de diciembre de 2012 se llevó a cabo en las instalaciones de AMPIEP una sesión de cine-debate en torno a la película Después de Lucía, producción mexicana dirigida por Michel Franco; protagonizada por Tessa Ia, Gonzalo Vega Sisto y Hernán Mendoza. Ofrecemos a continuación un resumen de la relatoría.

En esta sesión de cine-debate tuvimos la oportunidad de analizar y reflexionar sobre la ausencia física y psíquica de los padres en una adolescente. Esto nos llevó a cuestionarnos sobre las complejidades de los duelos, por un lado, pero por otro, también nos llevó a pensar en el fenómeno del bullying. Los seres humanos tenemos una parte agresiva ineludible que se pone de manifiesto en diversas áreas de nuestras vidas. ¿Qué pasa con los adolescentes en esta época donde las redes sociales son parte de su vida e identidad? ¿Qué motiva a lastimar a otro compañero de escuela porque se le percibe como diferente y grabar ese momento para compartirlo en el mundo electrónico?

La muerte de la madre debida a un accidente automovilístico genera sin lugar a duda un evento traumático y la hija, Alejandra, estuvo involucrada en el fatal suceso. En casos así, la persona siente que se merece todo el maltrato, ya que el sentimiento de culpa es muy profundo y difícil de elaborar.

En una escena de la parte inicial, la protagonista busca el abrazo. Se ha visto que las personas donde los padres están ausentes afectivamente confunden la relación sexual con el afecto. Por otra parte, al parecer ella transgrede un cierto código, que no sabemos cuál es. Además, el caso se presenta en la modalidad de ciberbullying y eso le da una velocidad tremenda a la agresión.

¿Dónde están los adultos en este caso que no son capaces de poner límites? La adolescencia es una etapa muy vulnerable, por lo que efectivamente necesita la contención del adulto. En las escuelas nos preguntamos mucho donde están los adultos en los casos de acoso. Qué pasa que nadie pone límites. Llama mucho la atención la escena del cumpleaños, que se le olvida al papa. ¿Dónde estaba? Una constante sensación de angustia acompaña a la protagonista.

No es suficiente que los padres quieran mucho a sus hijos. Así como el padre abandona el carro, también abandona a su hija Alejandra. Hubo un primer aviso de que algo pasaba cuando supo que fumaba marihuana. Entre los adolescentes es indispensable que haya un padre y una madre presentes, que ejerzan su rol y pongan límites.

Un aspecto principal para entender la complejidad de la adolescencia es la importancia de los códigos que se generan entre pares y amigos en esta etapa. Para un adolescente, denunciar equivale también a ser excluido. Es muy fuerte el código de “el que se lleva se aguanta”. Alejandra rompió el código de silenciar la agresión y por eso es apartada. Se observa la parte víctima-victimario en el personaje con sobrepeso, que antes de ella era el más lastimado; plasmando imposibilidad de tolerar y comprender la diferencia entre los acosadores. La traducción de bully es acosador y matón. El callar representa la muerte del lazo social, hacer creer a todos que realmente está muerta. Es tal la depresión que Alejandra actúa su muerte.

Como seres humanos tenemos invariablemente aspectos muy agresivos. La burla y el sometimiento, por ejemplo. A lo largo de la película se observan muchas situaciones de juego de poder; y hombres y mujeres viven el bullying en medio de una lucha por la sobrevivencia. Tenemos un matiz muy fálico en la relación entre hombres y mujeres. Los padres llegan a ser violentados por los mismos niños. Hay una lucha fálica, social, generalizada.

La agresión es muchas veces una defensa contra la angustia persecutoria. No como excusa, pero en la búsqueda de reestructurarse en el intercambio de pasivo a activo, se puede preguntar que le está pasando al bully. ¿De qué está huyendo?

Somos animales y la agresión es parte de nosotros. El bullying siempre ha existido, lo que se ha puesto de moda es la palabra. Vivimos en una sociedad donde hay muy pocas guerras en comparación con el resto de la historia de la humanidad. No hay canales de salida para la agresión. Antes todos los jóvenes iban a la guerra y mataban con permiso, los niños iban a la plaza a ver ahorcar a la gente. Hay fútbol y ejercicio, que es una forma civilizada de manifestar los impulsos agresivos. Pero están faltando canales al parecer en esta contemporaneidad para poder sublimar y/o neutralizar la agresión.

No se pue generalizar lo que pasa con los padres, pero realmente hay una gran falta de límites; en la película hay un encubrimiento del padre hacia la hija. Al parecer ella iba manejando y ese es el gran secreto que los une y ata. Hay que buscar caminos para sublimar este impulso. El público asistente a este cine-debate puntualizó qué este fenómeno no se gesta en la escuela, sino en la casa. Hay que asumir y poner límites, no es suficiente quererlos mucho. Hablamos del ínter juego de las identificaciones y que es tarea de los adolescentes jugar con ello para consolidar su identidad. El manejo de la culpa junto con la necesidad de integrarse no le permite a Alejandra defenderse. Pero finalmente, comete suicidio inteligente: les da en la torre a todos, se venga incluso del papá quien sumido en su depresión no la pudo acompañar, pero no muere realmente.

 

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