4º CICLO FILMICO: LA PAREJA

1980 

“La Pareja”, origen de la vida en la tradición y la historia, fuente de todos los bienes y de todos los males, nos inquieta ahora, ya que la unión de dos seres puede ocasionar la procreación o la destrucción ya que de cualquier manera, no se puede concebir ningún movimiento vital si el hombre sufre de profunda soledad. Se necesita la compañía, la inspiración real o simbólica de un compañero que motive las acciones de la humanidad en el qué hacer cotidiano, o en el qué hacer a futuro. Aún en la soledad interna que produce o conduce a la locura, existe “el Otro”, el otro al que creamos porque al estar solo es insufrible y lleva a la muerte. Así, vemos que en esa maravillosa obra de Cervantes, nacida de la dolorosa experiencia de una vida frustrada, de una miseria real y de un calvario vivido tan angustiosamente, el poeta recrea su propia imagen y hace surgir el inolvidable personaje de todos los tiempos: Don Alonso Quijano, El Quijote, el Caballero de la Triste Figura; loco, sabio, soñador e indomable campeón del ideal y la bondad. ¿Solitario?, no, el poeta crea un compañero fiel y entregado en su lealtad a la locura del Caballero; crea también la imagen alucinada de la belleza y la bondad en una mujer a la que reviste de las más preciadas cualidades. Son ambos la proyección de sí mismo, de los ideales y deseos que acompañan al personaje y al autor en su solitario y miserable peregrinar por la vida. Don Quijote y Don Miguel hacen pareja y tienen pareja, pareja que son su propio reflejo, y que, al mismo tiempo los completan y les dan una sensación de plenitud y compañía. El creador y su creación se dan vida y se retroalimentan.

El ser humano necesita del otro en la salud y en la enfermedad. El ser humano no puede estar solo, si no tiene pareja la inventa, la busca, la encuentra en el compañero sexual, emocional, intelectual, de fechorías, de bienandanzas o de muerte para repetir con él la díada original madre hijo; o para reparar con él aquello de que careció. Si la vida no proporciona el compañero normal y deseado, el amor y el anhelo, o el odio y la  venganza se depositan en un sustituto como ocurre en Madame Rosa, que ante la carencia de hijos o esposo coloca el amor intensamente en un pequeño que también careció de lo más indispensable para vivir. ¿Son estos personajes una pareja? Si lo son, puesto que se complementan, se sostienen y se alimentan unidos por un anhelo de bondad y amor, y por la carencia miserable de sus vidas.

¿La díada madre-hijo de “Los Malditos” es una pareja? También lo es; los une el odio y la soberbia; ambos desprecian la vida y la belleza, sólo anhelan el poder.

Veremos en las películas presentadas y en los comentarios de las mismas, que la pareja no es sólo la conyugal; tenemos necesidad del Otro con el que repetiremos nuestra relación infantil con los primeros objetos amorosos, o trataremos de llenar el vacío dejado por ellos. La búsqueda del Otro, del compañero, es eterna, el hombre no fue creado para estar solo. Es, como escribió Platón en su inmortal “Diálogo del Banquete o del Amor”, sólo una mitad que busca desesperadamente la otra para sentirse completo y pleno. Por eso, nuestra intención al presentar este ciclo es mostrar cómo, ante la amenaza brutal de una soledad que mata, el ser humano se une a otro por los más diversos motivos y en las más diversas circunstancias, aunque a veces éstas y aquéllos nos parezcan patológicos e inadmisibles.

Ojalá nuestro propósito se cumpla, y logremos despertar en ustedes una comprensión plena para las recónditas necesidades de la psiquis humana; y un entendimiento fértil ante nuestras propias demandas y anhelos.

Indice

Introducción: La pareja
Dolores M. de Sandoval

Los malditos (La caída de los dioses)
Raquel Radosh de Heiblum

No robarás, a menos que sea necesario (Roba sin mirar a quién)
Jorge Llanes

Dos extraños amantes, Annie Hall (Annie Hall)
Gloria Roel

Dime que me amas (Dime que me amas, Junnie Moon)
Frida W. de Rosenberg

Madame Rosa
Raquel Berman

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